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La Formación de los Evangelios

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La formación de los evangelios[1]

Los evangelios son los libros de la Biblia más conocidos para la mayoría de los católicos, porque cada domingo los escuchamos en la celebración de la eucaristía. A fuerza de oírlos una y otra vez, muchas enseñanzas, parábolas, milagros y episodios de la vida de Jesús han acabado resultándonos familiares. Sin embargo, muy pocos católicos sabrían explicar cuándo, cómo y por qué se escribieron los evangelios. Ahora que vamos a comen- zar a leer uno de ellos, puede ser interesante conocer algunas de estas cosas.

Evangelio y evangelios

Desde hace mucho tiempo llamamos "evangelios" a los cuatro libros de la Biblia que narran la vida de Jesús, pero entre los primeros cristianos la palabra "evangelio" no designaba un escrito, sino el anuncio de una buena noticia. Este era el sentido que tenía en el lenguaje corriente. Entre los judíos esta palabra tenía además un significado religioso. A muchos les recordaba el anuncio del profeta Isaías, que había proclamado como buena noticia la llegada de Dios para reinar sobre su pueblo (ls 52,7).

También para Jesús la buena noticia era la llegada del reinado de Dios. El hizo de este anuncio el contenido central de su predicación (Mc 1, 15) y el motivo de su actuación. Los primeros cristianos comprendieron que con su pascua había comenzado a llegar este reinado de Dios, y por eso la buena noticia que anunciaban era su muerte y resurrección (1 Cor 15,3-5).

Evangelio fue, por tanto, al principio una palabra de la misión cristiana, y sólo a partir del siglo segundo se utilizó para designar a los libros que hoy llamamos evangelios.

De Jesús a los evangelios

El evangelio de Marcos, a pesar de ser el más antiguo, no es una crónica directa de los acontecimientos que narra, pues fue escrito casi cuarenta años después de la muerte de Jesús. En este camino que va desde Jesús hasta los evangelios pueden distinguirse tres etapas:

* Jesús y sus discípulos: La relación de Jesús con sus discípulos fue muy estrecha. Ellos lo acompañaron a todas partes, escucharon muchas veces sus enseñanzas, fueron testigos de sus signos, y además Jesús los envió a proclamar el mismo mensaje que el anunciaba (Mc 6,7-13). Aquellos discípulos son el primer eslabón en la transmisión de los recuerdos sobre Jesús.

* Las comunidades cristianas: Después de la resurrección de Jesús, sus discípulos formaron pequeñas comunidades, que anunciaban la buena noticia de su resurrección, recordaban sus enseñanzas y celebraban su memoria (Hch 2,42-47). En estas comunidades se transmitieron cuidadosamente los recuerdos sobre Jesús[2]. Muchos aprendieron de memoria sus palabras y sus signos, y algunos comenzaron a escribirlas para que no se olvidasen.

* Los evangelistas: Llegó un momento en que los cristianos sintieron la necesidad de tener por escrito todo lo que se recordaba sobre Jesús. Poco a poco van faltando los testigos oculares directos, mientras el movimiento cristiano se va difundiendo en áreas cada vez más alejadas de la palestina originaria y alcanza a personas que nada conocen no sólo de Jesús de Nazaret, sino ni siquiera de la tradición de Israel. Fue entonces cuando los evangelistas, después de haber investigado cuidadosamente todo (Lc 1,1-4), Compusieron sus evangelios. Al hacerlo tuvieron muy presentes los problemas que tenían sus comunidades, y trataron de iluminarlos desde las enseñanzas y las acciones de Jesús.[3]

Evangelios canónicos y evangelios apócrifos

Los cuatro evangelios que tenemos en nuestras Biblias son los que la Iglesia aceptó como regla de fe y por eso se llaman "canónicos". Pero además, en los primeros siglos del cristianismo se escribieron otros libros similares, a los que también se llamó evangelios. Algunos de ellos, como los evangelios de la infancia, tratan de llenar vacíos de los evangelios más antiguos; otros pretenden recoger enseñanzas secretas de Jesús. Muchos de ellos han servido de inspiración a los artistas, y de alimento a la piedad cristiana. En general son muy interesantes para conocer las creencias y forma de vida de algunos grupos cristianos de los primeros siglos, pero excepto una colección de dichos de Jesús que se conoce con el nombre de "Evangelio de Tomás", el resto aporta muy poco sobre Jesús y sus enseñanzas.

Vamos a leer algunos pasajes sueltos evangelio de Marcos en los que se dan diversas opiniones sobre Jesús. Fijémonos en qué es lo que dice cada uno de estos personajes sobre Jesús y en cómo lo recibe o valora Jesús.

Los demonios:             Mc 1,24; 3,11; 5,6-7

La gente:                     Mc 6,14-15; 10. 47; 11,10

Herodes:                      Mc 6,16

Pedro:                         Mc 8,29

El centurión:                Mc 15,39

El evangelista:             Mc 1,1

La voz del cielo:          Mc 1,9-11; 9,2-13

Jesús:                           Mc 8,31; 9,30-31; 10,33; 14,61-62 

¿QUIEN ES JESUS?

PUESTA EN COMÚN

En esta primera parte de la reunión vamos a hablar de lo que hemos descubierto en nuestro repaso de las opiniones sobre Jesús que aparecen en el evangelio de Marcos. Son bastantes y variadas, pero no todas son acertadas: no todas expresan de verdad quién es Jesús. La clave para distinguir unas de otras está en cómo las recibe el mismo Jesús. Cuando manda callar o prohibe hablar de él es que lo que dicen sobre él (o lo que quieren decir) no es correcto o no responde a su verdadera identidad. Las preguntas a las que vamos a responder son: ¿qué dice cada uno de los personajes sobre Jesús? ¿Cómo lo recibe él, lo acepta o lo rechaza?

LECTURA DE Mc 8,27-30

Ambientación

En la puesta en común hemos visto lo que diversos personajes de su tiempo dijeron sobre Jesús. Desde entonces hasta hoy muchos hombres y mujeres, creyentes y no creyentes, han intentado descubrir quién es Jesús. Unos le han visto como un maestro de sabiduría, otros como un visionario, otros como un libertador, muchos como el Hijo de Dios   ... Al comenzar juntos este camino, en el que deseamos conocerle mejor, también nosotros vamos a intentar aclararnos sobre quién es para nosotros Jesús.

Miramos nuestra vida

Primero vamos a mirar a nuestro alrededor Intentando ver qué dice la gente hoy sobre Jesús. Algunos lo dicen de palabra; otros con su vida. Quien va a la iglesia a poner una vela ante una imagen de Jesús sólo cuando está en dificultades, dice así quién es Jesús para él o ella, y lo mismo hace quien deja todo para ponerse al servicio de los demás, imitando el ejemplo de Jesús.

Pensamos un momento y después compartimos con los demás: ¿Qué dice la gente hoy sobre Jesús de Nazaret?

Escuchamos la Palabra de Dios

1. Con un momento de silencio preparamos nuestro corazón para acoger lo que Dios quiere decirnos hoy a través de su Palabra.

2. Proclamación de Mc 8,27-30

3. Cada uno vuelve a leer el pasaje consultando las notas.

4. Después, entre todos, tratamos de responder a estas preguntas:

  • - ¿Qué opinaba la gente de su tiempo sobre Jesús?
  • - Los discípulos tienen otra opinión. ¿A qué puede deberse? -
  • - ¿Cómo reacciona Jesús ante la respuesta de Pedro?

 

Volvemos sobre nuestra vida

Jesús sigue haciéndonos a nosotros las mismas preguntas. Después de escuchar lo que otros dicen hoy de él y lo que dijeron entonces sus discípulos, el Señor nos pregunta a cada uno de nosotros:

Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Es muy importante que seamos sinceros al responder, pues este será el punto de partida del camino que vamos a hacer juntos detrás de Jesús. Cuanto más sinceros seamos los unos con los otros, más nos podremos ayudar a descubrir quién es Jesús.

Oramos

Estamos comenzando juntos un camino: queremos descubrir quién es Jesús. Vamos a orar para que sea él mismo quien nos conceda lo que necesitamos para este camino: sinceridad para compartir, capacidad de acoger a los demás, deseos de conocerle

QUIEN ES JESUS

En el evangelio de Marcos se dan diversas respuestas a esta pregunta, pero no todas tienen el mismo valor. A través de las reacciones de Jesús a lo que los diversos personajes dicen sobre él, el evangelista invita a sus lectores a que revisen sus propias opiniones sobre Jesús, porque seguramente la visión que tienen sobre él no sea del todo acertada, como no lo era la de sus propios discípulos y la de la gente que le conoció. Marcos nos invita a acercarnos a Jesús con una actitud de búsqueda, y nos va dando pistas para ello.

Mesías e Hijo de Dios

En el primer versículo del evangelio nos dice que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios (Mc 1,1), pero el verdadero sentido de estas dos afirmaciones sólo  pueden comprenderlas bien quienes lo acompañen a lo largo de todo el relato. Al terminar la primera parte de su evangelio, Pedro afirma en nombre de los discípulos que Jesús es el Mesías, el Ungido de Dios enviado para salvar a su pueblo (Mc 8,29). Pero esta afirmación puede ser entendida mal; es necesario seguir a Jesús hasta la cruz para comprender en qué sentido es el Mesías. Allí un centurión pagano reconoce finalmente que Jesús es el Hijo de Dios (Mc 15,39).

Jesús manda callar

Uno de los detalles más llamativos del evangelio de Marcos es que Jesús manda callar con frecuencia a quienes afirman algo sobre él. Manda callar a los demonios, que lo conocen y saben que es el Santo de Dios (Mc 1,34; 3,12). A los que cura de sus enfermedades, les ordena que no se lo digan a, nadie (Mc 1,44; 5,43, 7,36). Incluso a sus discípulos, que son quienes mejor lo conocen, les manda que no hablen a nadie sobre él (Mc 8,30, 9,8).

Tanto los demonios, como los curados y los discípulos dicen cosas positivas sobre Jesús. ¿Por qué, entonces, les manda callar? ¿No será tal vez porque aún no han descubierto la verdadera identidad de Jesús? Es verdad que Jesús es el Santo de Dios y el Mesías, pero                              no en el sentido triunfalista que ellos dan a estos títulos. Los discípulos no aceptan. Ellos preferían a un Mesías triunfante y milagrero. Jesús se lo recrimina y les pide que le sigan.

Para entender por qué Jesús manda callar es importante caer en la cuenta de que sólo lo hace en la primera parte del evangelio (Mc 1,14 - 8,30), donde aparece más el lado glorioso y triunfal de su ministerio. Esta primera parte termina con la afirmación de Pedro.- "tú eres el Mesías". Sin embargo, Jesús les pide a sus discípulos que no hablen sobre él (Mc 8,30), porque aún no lo conocen bien.

Jesús instruye a sus discípulos

En la segunda parte del evangelio (Mc 8,31 - 16,8) Jesús les explica que su camino (el de Jesús y el de ellos) pasa por la cruz. Esta es la otra cara de la moneda, sin la cual es imposible descubrir quien es Jesús. Sin embargo, a los discípulos les cuesta mucho aceptar que Jesús tenga que morir y que ellos tengan que seguirle por el camino del olvido de sí mismos, del servicio, de la entrega. Por eso Jesús tiene que dedicarse a ellos y explicarles el sentido que tiene su entrega. A pesar de todo, cuando llega el momento decisivo, todos ellos, incluso Pedro, le abandonan.

Hacia el final de esta segunda parte hay dos momentos en los que se revela la verdadera identidad de Jesús. El primero cuando Jesús reconoce ante el Sumo Sacerdote que él es el Mesías, el Hijo del Bendito (Me 14,61-62); el otro cuando un centurión pagano, al ver morir a Jesús afirma: "Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios" (Me 15,39). En ambos casos esta identidad de Jesús aparece relacionada con su muerte. Es aquí es donde se manifiesta la verdadera identidad de Jesús, como hijo obediente a la voluntad de Dios, que nos ha amado hasta entregar a su Hijo por nosotros.

Explicación de Mc 8,27-30

Hemos elegido este pasaje para comenzar nuestra lectura de Marcos porque es muy importante en el conjunto del evangelio. El evangelista ha colocado justo en el centro de su evangelio, entre las dos grandes etapas de la actividad de Jesús, la pregunta que quiere hacer a sus lectores y que intenta él mismo responder relatando lo que Jesús dijo e hizo.

En la primera etapa de la actividad de Jesús (Mc 1, 14 - 8,26), que corresponde a la primera parte del evangelio, el evangelista ha narrado su actividad en Galilea como predicador itinerante de una buena noticia: la llegada del reinado de Dios, que se hace presente a través de sus signos liberadores. Esta etapa muestra sobre todo el rostro triunfante de Jesús, aunque no todos lo aceptan (Mc 6,1-6a) y algunos incluso quieren matarlo (Mc 3,1-6).

La segunda etapa de la actividad de Jesús, que corresponde ,a la segunda parte del evangelio (Mc 8,30 - 16,8), mira hacia Jerusalén, donde tendrá lugar su muerte y resurrección. En esta segunda parte se resalta un aspecto muy distinto del rostro de Jesús: el de la cruz que él y sus discípulos deben acoger.

Muchos de los cristianos para los que Marcos escribió su evangelio habían aceptado la primera parte. Veían en Jesús un profeta que actuaba con el poder de Dios, que expulsaba demonios, que enseñaba con autoridad... pero les resultaba muy difícil admitir la otra parte: la del camino de la cruz, traducido en servicio y entrega. Marcos quiere mostrarles que es precisamente ahí, en el camino de la cruz, donde se descubre la verdadera identidad de Jesús.

Este es el contexto en el que hay que leer el episodio narrado en Me 8,27-30. En la pregunta que Jesús hace a sus discípulos está reflejado el interrogante que se hacían los cristianos de la comunidad de Marcos; y en la respuesta de los discípulos y de Pedro aparece la contestación insuficiente que daban a dicha pregunta.

Jesús pregunta a sus discípulos "en el camino". El camino era para los primeros cristianos, ante todo, el camino del discipulado, del seguimiento (Mc 10,52). Jesús plantea la pregunta a aquellos que le seguían entonces, pero Marcos pretende que los cristianos de su comunidad la escuchen como si se dirigiera a ellos.

La primera respuesta de los discípulos (Me 8,28) recoge opiniones que ya han aparecido en la primera parte del evangelio (véase p.c. Me 6,14-16). La gente veía en Jesús a un profeta, es decir, a alguien que hablaba en nombre de Dios, al estilo de los antiguos profetas del AT. La voz de aquellos antiguos profetas se había apagado hacía ya tiempo, pero recientemente había comenzado a hacerse oír de nuevo en personajes como Juan Bautista. Decir esto sobre Jesús era ya mucho para la mayoría de la gente .

Sin embargo, Jesús repite su pregunta. Esta vez se la dirige directamente a sus discípulos. Pedro responde en nombre de los demás (Mc 8,29) con una afirmación muy comprometida. Profetas podía haber muchos, pero Mesías sólo podía haber uno. Dios había prometido desde antiguo a su pueblo un descendiente de David, un rey que vendría a salvar a su pueblo (véase p. e. 2 Sm 7). A este rey que vendría de parte de Dios le llamaban el "Ungido" (Mesías, en hebreo, lo mismo que Cristo en griego, significa "Ungido'). Este título tenía entre los judíos connotaciones triunfalistas, y muchos pensaban en tiempos de Jesús, que este Rey vendría para librarles del yugo de los romanos. Cuando Pedro reconoce a Jesús como Mesías está diciendo sobre él lo más grande que se podía decir de un judío.

Por eso resulta tan sorprendente la reacción de Jesús (Mc 8,30). ¿Cómo es posible que prohibiera a sus discípulos hablar de él, si habían comprendido que él era el Mesías? Esta respuesta de Jesús les haría pensar mucho... y también a los cristianos de la comunidad de Marcos. Jesús les estaba diciendo que aún no habían comprendido quién era él, o que lo habían entendido mal. Las enseñanzas que vienen a continuación (Mc 8,31-10,52) revelan que el titulo de Mesías es insuficiente para describir a Jesús, y que su verdadera identidad sólo se revela plenamente en la cruz, donde se manifiesta como Hijo de Dios (Mc 15,39). Jesús invita así a sus discípulos, y Marcos a los cristianos de su tiempo, a seguir preguntándose quién es verdaderamente Jesús. Esta es la actitud y la pregunta que este pasaje nos propone también a nosotros.


[1] Tomado de El auténtico rostro de Jesús. Guía para una lectura  comunitaria del Evangelio de Marcos, La casa de la Biblia, EVD, 1997

[2] En esta primitiva comunidad cristiana los testigos históricos de la actividad de Jesús, los apóstoles, transmiten a la comunidad la enseñanza de Jesús. Y lo hacen releyendo a través de la muerte y resurrección como  clave de lectura

Se forman esquemas que recogen la predicación de Jesús y los puntos fundamentales de su existencia, casi una síntesis de su mensaje y de su vida.

Estos esquemas eran utilizados por el movimiento cristiano en tres contextos principales.

  • - el culto y la eucaristía. centro del movimiento cristiano. En estas asambleas cultuales se recuerdan las etapas de la vida y la enseñanza fundamental de Jesús, además del evento central de su muerte y resurrección.
  • - la predicación. Los apóstoles continuan anunciando a Jesús como él había anunciado la buena noticia. Para hacerlo siguen esquemas donde estructuran ideas y hechos fundamentales que reflejan la enseñanza de Jesús y el culmen de su existencia.
  • - la catequesis, la formación de los que se adhieren a la comunidad.

En estos tres contextos encontramos el nacimiento y la difusión de algunos esquemas y colecciones de predicación, de oración, de catequesis, cada vez más ricos y completos.

[3] A propósito de la sucesión cronológica de la redacción de los evangelios, la crítica -con alguna oscilación- está de acuerdo en estos datos: el primero en ser redactado es el evangelio de Marcos, antes del año 70; siguen, tras el 70, respectivamente Mateo y Lucas; por último, para algunos en los 90 y para otros alrededor del año 100, el evangelio de Juan. Los tres primeros evangelios (los "sinópticos" = cuya estructura puede ser comparada en paralelo en una única "ojeada") muestran evidentes afinidades: la teoría más defendida aún hoy (de las "dos fuentes"), mantiene la hipótesis de que Mateo y Lucas siguen por un lado a Marcos, y por otro, otra fuente ("Q", del alemán Quelle = fuente), además, obviamente, del material propio de cada uno. Juan representa una lectura teológica más profunda y unitaria, pero sólidamente enraizada en la historia de Jesús: no sólo en el sentido de que relata con precisión detalles y referencias históricas de forma a menudo más precisa que los sinópticos; sino también porque lee  siempre en profundidad( se diría "con transparencia") el testimonio originario del anuncio y de la historia de Jesús.

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